viernes, agosto 19

Rafael ha muerto

PARTE 11

Cruel y cruda fue la forma en que murió no se sabe con exactitud cómo fue, ni siquiera estoy segura que haya sido Susell, tal vez Eleonor pero realmente había más de uno que deseaba verlo de esa forma, para muchos no era una persona agradable, ya tenía consigo mala fama y muchos hombres lo odiaban y temían que sus parejas hayan pasado por sus sabanas, así que más de las veces que podría recordar recibía amenazas y una que otra vez peleas por las noches tras unas cuantas copas mal tomadas.

Rafael dejó su último aliento, la mañana no estaba preparada para eso, nadie en aquella calle escandalosa se imaginaría que ese tipo corpulento de figura atractiva y persona letrada, amable con extraños e insensible para los pocos que lo querían, estuviera derramando sus últimas gotas de sangre en una cama sin tender.

No había más que hacer, no había en donde ocultarlo (eso fue lo primero que paso por la mente de Eleonor) ¿qué fue lo que paso? No recordaba nada, no comprendía como él estaba ahí, sólo era su psicólogo, nunca hubo más que las terapias ¿cómo llegó a su casa? las cosas no marchan bien, el mundo se le comienza a cerrar, todo pierde color, no hay sonido sólo el silencio más cruel que ha vivido; la culpa y la desesperación la acorralan y la enredan como dos enormes cuerdas apretándola despiadadamente, estrujando su estomago y parte de su pecho; comienza a desvanecerse y pierde el control al llorar, desearía que sólo fuera un sueño, temía que ella lo hubiera hecho aunque debería recordarlo, pero ni su mente estaba de su lado no deseaba ser su defensor.

La primera persona que decidió testificar fue Socorro, señora de 50 y más años, la verdad no quisiera calcular nisiquiera me atrevería, siempre miente en la edad; Ahí se encontraba, Doña Socorro, hablando un poco de lo poco que sabía, por fin tenía lo que quería, atención y a un hombre escuchándola narrar lo sucedido, aunque dudo que supiera mucho, pero más que el deseo de ayudar era el morbo y no sentirse ignorada. Pobre mujer de poco afecto y con muchas palabras que decir.

Y así comenzó -Yo no sé quien fue pero podría asegurar que Eleonor no lo hizo o no en sus cinco sentidos, créame he sido su vecina por varios años y la conozco más que ella misma; no sé si sea relevante pero aún así lo diré, ella me espanta, juraría que sufre de cambios repentinos de conducta, pareciera dos personas en una sola, ¿suena raro?, lo sé eso mismo pensé yo.

viernes, julio 29

No es mi tinta derramada

PARTE 10


Va caminando por la acera y sus sandalias terminan por romperse, se para de golpe para arreglar el daño cuando Doña Alicia, quien iba reprendiendo a su hijo José por haber metido a su gato Arañazo en la casa del viejo Joaquín, choca con Susell (que en esa mañana ella es Eleonor) aventándola al puesto de mango de Misael quien acababa de crear a la pirámide más alta, curiosa y extrema de mangos que alguien con suficiente tiempo haya hecho, pero Eleonor termina derrumbándolas como una chuza perfecta; al caer, uno de los mangos sale disparado y golpea a Regina obligándola a tirar su paleta por el golpe.


Al ver la paleta tirada, Regina hace un gran berrinche y de nuevo comienza a llorar, haciendo que la migraña de su Madre Isabella se vea más pronunciada y así también su mal humor, que es reflejado en sus miradas con quien se le pusiera enfrente y en esta ocasión fue su esposo Rogelio, a quien se le ocurrió pasar por esa mirada, total que termina regañado por sus amoríos clandestinos que tuvo en su relación de novios que fue hace más de 5 años, Isabella camina con el seño fruncido y lo va acorralando hasta que Rogelio choca con una pirámide, no tan ostentosa pero bien arreglada de mangos, Misael (quien curiosamente traía vestigios de mango por todo su cabello) voltea totalmente molesto a reclamar por tal atrocidad, Isabella lo defiende, Regina sigue llorando, Doña Alicia acusa a la joven despeinada y todos comienzan a pelear.

Por fin llega a casa Eleonor y se hace una taza de café, se dirige a su cuarto para cambiarse de ropa y nota pintura roja sobre ella, no lo había notado porque no se veía mucho y al entrar ve a Rafael con botella en mano tendido en su cama y derramando una especie de tinta roja en el piso de madera.

En lapiz y papel

PARTE 9


No podía creerlo Don Joaquín, nuevamente aquella mujer de aspecto delicado, piel pálida pero con suficiente rubor natural y sin señas en el rostro de haber sido maquillado, de nuevo estuvo con él. ¿Qué cómo llegó? Esa era una pregunta que merodeaba por su mente, pero como la magia, entre menos sabes es mejor la actuación y no quieres otra cosa más que creerlo, aún sabiendo que hay algo detrás, pero que no resulta ser tan emocionante cuando conoces el truco; así que igual no le interesa mucho el averiguar.

Era temprano, el sol se asomaba sin permiso por la ventana, como un niño que juega a las escondidas y que de emoción no sabe como ocultarse y que su risa y la ansiedad terminan por delatar su escondite, así igual se encontraba en ese momento el sol quien al entrar, según él sigiloso, trata de esconderse en una pequeña nube solitaria, pero sus mismos rayos de sol lo terminan delatando y hacen que aquella joven comience a despertar.

El cansancio que siente Eleonor por su mala postura al dormir hace que decida estirar sus brazos, y al mismo tiempo su cuerpo en la cama sigue el mismo ritmo en sus movimientos, revoloteando su cuerpo haciéndola sentir placer por ese ritual de todas las mañanas.

Por fin despierta completamente y de lo primero que su mente se percata es del olor a gardenias que se dispersa por toda la habitación, el tan sólo sentir como entra por su cuerpo ese olor y el ver ese tono rojizo de la mañana la hace sentir tan viva, como un orgasmo, pero no sólo sentir el orgasmo sino tan hermoso como verlo; tan inexplicable, asombroso pero a la vez tan intenso como eso.

Apenas se recupera de disfrutarlo cuando observa la ventana abierta que deja ver las calles repletas de gente caminando y pasar por aquel lugar, se da cuenta que no es tan temprano y dirige su mirada hacia el reloj espantándose de lo rápido que se han movido las manecillas; así que se para rápidamente y se inclina un poco para husmear debajo de la cama y saca un baúl, lo hace un lado y saca a un gato, esperen ¿un gato? No importa, en ese momento no tenía tiempo para acariciarlo ni para preguntarse ¿Por qué un gato estaba debajo de la cama?

Por fin encuentra sus sandalias y se las pone de prisa aunque nota que han sido arañadas, no es tiempo de banalidades, pensó, seguro el gato hizo de las suyas, y salió rápido de la habitación tratando de no hacer mucho ruido, aunque su única prioridad era salir lo más pronto de ahí y responderse ¿cómo es que llego nuevamente a esa casa?, porque obviamente sabía que era de Don Joaquín pero no recordaba cómo fue que llego ahí.

Sigue caminando cuando por culpa de sus pensamientos casi cae por las escaleras, recupera el paso y baja rápidamente, está a punto de abrir la puerta cuando su nariz la obliga a buscar aquel olor de pan caliente y té de manzana servidos en la mesa. No dejaba de sorprenderse de tan agradables y coloridos olores que se percibían en aquella casa vieja, al voltear ahí estaba Don Joaquín esperándola y ella a punto de dejarse seducir por la comida en mesa reacciona por sus reflejos y voltea para darse cuenta que Lauren acaba de aparecer en la puerta, así que sale sin voltear atrás y con las mejillas sonrojadas por la pena.

martes, julio 19

Lamento decirles que esta bloguera comienza a perder la razón... se ha enamorado

¿De quién? ¿cómo qué de quién?, más bien ¿de qué? es la pregunta que estas buscando, últimanente ha desvariado, le piensa en todo momento, no sale de su cabeza, la insita a probar nuevos juegos y cada vez se vuelven más profundos e insistentes, es decir, siempre le ha deseado pero ahora es la pasión  lo que la mantiene cegada, ahora solo tiene deseo de poseerlas  y es tan fuerte que ahora se ha vuelto la amante fiel que no cuestiona y se entrega sin preguntar... Gracias a mis letras quienes son mi mejor amante.

viernes, julio 15

Sólo por un viernes…

PARTE 8

¡Cómo podría olvidarte Cleotilde!- reclamaba Don Joaquín a su propio reflejo, aquel espejo tirano que lo muestra con una mirada demacrada y arrugada, sino fuera él, seguro que no lo reconocería; trata de mover sus manos entumidas y pasarlas por su rostro, quiere recorrer cada una de sus arrugas y sentir aquella piel de cartón que no se humedecerá porque ya no puede derramar lagrimas, las últimas se las regalo a su querida Cleotilde en el momento en que sus parpados cayeron; mientras frunce el ceño para mirarse con más detalle, se da cuenta que ya no queda rastro de aquel joven que llegó a ser alguna vez, un soldado corpulento y bien parecido, con manos grandes y de carácter fuerte, que con tales características podía conseguirse a la mujer que quisiera de los pueblos a los que tenía que llegar y lo hizo.

Mientras descubría sus botellas de vino que Lauren le había escondido en su desván, miraba de reojo al enorme cuadro que tenía de Cleotilde, mujer de figura discreta y delgada, realmente sin muchas siluetas, en el cuadro se muestra con un vestido muy escotado que irónicamente no dejaba ver mucho, ella de piel pálida, con cabello recogido, lo suficiente para dejar ver esos enormes pendientes de azul turquesa que caen sobre su cuello, sus enormes ojos hacen juego con aquellos aretes y su boca alargada con deliciosos labios rojos. Su belleza no era común eso era lo que le hacía tan especial, pero mientras la miraba Susell aparecía en su mente, eran tan marcado su parecido a acepción de las delineadas siluetas, pero, ¿quién se fija en eso?

Ya estaba festejando su triunfo de por fin tomar unos cuantos tragos de su olvidado vino cuando escucha toques fuertes y desesperados sobre la puerta, con una enorme molestia se acerca murmurando palabrerías sobre quien estuviera a esas horas de la noche molestando a un anciano con enormes deseos de dar un gran trago a su extrañado pero no olvidado vino. Se escucha el sonido de los cerrojos abrirse y comienza el rechinido de la puerta que no termina de cantar, porque es parada por Susell, quien rápidamente pasa y cierra sin dudar la puerta, pareciera que huía de algún malhechor.

Don Joaquín se siente asombrado y desea hacer muchas preguntas, quisiera saber quién es el hombre con quien se frecuenta en las noches o que hace en esos momentos en su casa, pero no se atreve porque no pretende preguntar más de lo que le quieran decir y lo único que le interesa es ver a Susell frente a él.

Susell se ve más pálida que de costumbre, hay un poco de sudor sobre su rostro, su cabello se ve con otro tono más rojizo y su vestido es tan corto que deja ver con permiso a sus alargadas piernas, su respiración es tan agitada que deja ver el movimiento de sus pechos y los hace más pronunciados a la vista; camina un poco y trata de calmarse y lo primero que ve a su paso es una copa de vino, va directo hacia ella, Don Joaquín sólo la observa y mira como derrama un poco sobre su boca, quisiera que ese vino no se desperdiciara.

Se acerca Don Joaquín y la acompaña con unos tragos, no hay palabras, no quiere arruinar el momento y cuando por fin él iba a decir una palabra ella con arrebato se ríe, suelta una carcajada escandalosa pero no molesta, le pide una disculpa por haber entrado así, pero no podía seguir afuera mientras Rafael estuviera buscándola como un león buscando a su presa; no quiso decir más, se veía ansiosa. Cruzo la pierna a propósito porque sabía que Don Joaquín estaba mirando, ella es una mujer que le gusta ser observada y que cualquiera note su belleza, quiere ser deseada sólo por esa noche, sólo por ese viernes.

miércoles, julio 13

Días sin nombre

Era un lunes el cual se dejaba ver más hermoso que de costumbre, el clima fresco pero no tanto para llegar a ser frio, las nubes se esforzaban por hacer figuras divertidas para quienes pasearan por ahí (aún sabiendo que nadie se detendría o perdería el camión que los lleva al trabajo o sus deberes por apreciarlas y construir sus figuras) yo sin prisa ni deseos por llegar a mi destino me detuve y pude observar un elefante de trompa muy larga que seguía a un avión, las calles se encontraban limpias y húmedas por el aguacero de la madrugada y se dejaba percibir el olor de humedad y de rosas que lo contrarrestaban y hacían un olor más suave.

Pero para Juan, el de la otra cuadra, es un día típico como cualquier otro, quien como de costumbre sufre de la resaca insensata y terca que le hace pasar por el día anterior en que los tragos  de vodka cobran su precio y no lo dejan disfrutar la llegada de aquellos lunes; así que como es de esperarse de nuevo no podrá despertar temprano con deseos de conocer este nuevo día y qué necesidad de hacerlo, no tiene por qué, ya que a sus 29 años su madre aun trata de darle todo lo que ella no tuvo de joven.

Y Juana la hija de la molinera de la casa de al lado quien se despertó desde muy temprano por las nauseas que le ocasiona su embarazo, despierta horrorizada cada mañana por el exceso de peso que sufre por disfrutar aquellas golosinas combinadas con helado, que supuestamente su futuro hijo le exige y mientras ella sigue comiendo su hermana sigue una estricta dieta que cada día se le vuelve más difícil cumplir por las tentaciones a las que termina accediendo por culpa de las golosinas azucaradas que encuentra todos los lunes en la cocina. 

Qué decir de doña Concha, quien se pasea por las calles, cada mañana a la misma hora finge ir al mandado pero se fatiga rápidamente, así que es seguro que no avance más de dos cuadras, aunque ahora que lo recuerdo esta vez llegó hasta la casa de Estela con quién se detuvo a platicar de la novela del viernes y como no hacerlo, sí está vez sacaron escenas cada vez más descaradas y sin escrúpulos según lo que pude escuchar, aunque hubiera querido escuchar más, pero me detuve; en parte, para seguir escuchando su queja sobre la juventud de hoy en día pero que inexplicablemente su morbo y recuerdos de su juventud les obliga ver. Pero también me detuve para dejar avanzar a una pareja que se acaba de reconciliar y que en la mañana tuvieron un exhausto contacto en donde sólo uno llego al orgasmo y mientras iba camino a mi destino recordé que era lunes y me pregunté ¿Alguien hará algo especial en lunes?

martes, junio 28

Palabras más, palabras menos


Escribir es descubrirse al mundo sin pudor aunque esto no significa que sin temor, de ellos, los lectores, a quienes no siempre se les podrá complacer y tal vez en algún momento quieran destrozarte por no tomar en cuenta cada uno de sus gustos y la crítica constante por no haber ocupado aquella palabra exacta que para ellos hubiera quedado mejor; y aunque suene contradictorio, siempre esperare por sentir ese esperado temor que me hace apreciar lo bello de escribir, sino fuera así, ¡que aburrido sería entonces!


Hay quienes dicen que quien no escribe no deja huella, yo la verdad no sé si escribo para dejar huella, es más ni siquiera estoy segura de que en este momento alguien este leyendo o que haya llegado hasta este párrafo,  aunque sí acepto y doy gracias por aquellos lectores fieles que me siguen y en quienes gusto por dedicarles mis palabras, aunque también escribo para encontrarme a mí, para conocer y reconocer a quien está dentro de mí a quien mis audífonos no me deja escuchar. 


Por lo pronto mis ideas vuelven a acomodarse después de unos cuantos desajustes y agradables resbalones, que son parte de mi juventud, que aunque no me estará acompañando los próximos mil años seguro sí una buena parte de mi vida, sé que no pasara en balde y me dará muchas sorpresas, así que quiero estar ahí para recibirlas.

viernes, junio 24

Sintiendo sin sentirlo

Septima Parte


Don Joaquín por su parte se encuentra regañando a Lauren porque hace el mismo desorden de siempre al querer arreglar sus cosas, cuando en su escritorio aun con papeles y libros amontonados sabe el lugar exacto en donde está, pero también se encuentra un poco molesto porque no ha podido hablar con Susell aunque sí la ha visto todos los viernes desde el último en que la invito a su casa, pero no ha podido hablar con ella porque un tipo corpulento pasa siempre por ella.

Él último viernes en que la vio, decidió seguirlos, claro que no igualaba sus pasos porque la edad no lo permitía pero por suerte no fueron está vez muy lejos y pudo notar que entraron a una casa vieja y descuidada, en la parte de atrás había una enorme ventana y las cortinas estaban arañadas así que podía ver con perfección lo que pasaba. Y qué más podía pasar con dos personas de su edad a esas horas de la noche. Pues sí exactamente lo que vio Don Joaquín.

Habían hablado apenas tres palabras, cuando ella se colocó de frente a él seduciendo mostrando sus defiinidas piernas y tocandose el cuerpo, Rafael sin dudarlo le arrebata rápidamente la pequeña blusa blanca apretada a su cuerp, Susell sonríe y sus senos salen al descubierto incitando a seguir el juego y de pronto Don Joaquin decide retirarse con las imágenes en su cabeza pero no pensando mal de Susell pero sí teniendo muchos sentimientos encontrados.

Dos personas en una.

Sexta Parte


Han pasado ya varios viernes, este sino mal recuerdo sería el cuarto en que no se ha sabido de Susell, pero los dias no se rinden y este viernes se deja mostrar mejor que nunca. El día amaneció más temprano y luce un color amarillo con un enorme sol que se deja asomar resplandeciente dejando que los rayos iluminen con perfección al primer rostro que se encuentren a su paso; es la hora en donde la belleza de las personas se muestra con mayor distinción, la piel se nota más tersa y el buen humor se asoma aunque sea por un rato, sí pasearas por las calles de esta villa de san Cristóbal seguro entonces lo podrías entender; con forme marcas más el paso se deja ver un desfile de sonrisas tímidas y miradas perdidas que buscan una buena dirección.


Aun lado en donde el mundo se nota con vida y gallardía se encuentra Eleonor no Susell, que aunque tienen el mismo cuerpo no comparten los mismo movimientos ni sentimientos y ni una sabe de la existencia de la otra, pero por ahora es Eleonor. Está vez se despertó más temprano y de buen humor aunque con un dolor de cabeza pero nada que no puedas soportar, además es algo muy común en ella.


Se encuentra en la frutería escogiendo las mejores cosechas de la temporada, y de pronto detrás de ella le saluda Rafael, ya les había platicado de él, ella lo reconoce pues es su psicólogo y le regala una bella sonrisa. –Nos vemos en la cita de las 5- quitó la mano de su hombro y lo vio partir sin quitarle la mirada, iba de traje y lentes directo a su consultorio para atender a sus pacientes.


Eleonor se dirige a su casa con una sensación de nervios, al llegar como siempre busca en su buzón y cómo es costumbre la correspondencia esta en el suelo pues se le ha olvidado arreglar bien ese buzón, aunque no le interesa mucho, para ella es divertido saber que las cartas nunca están en el mismo lugar, así que las recoge y va directo a su casa en donde también trabaja pues ella tiene ahí su tienda de antigüedades lo cual le apasiona porque piensa que los recuerdos entran en la plusvalía, aunque nunca van alcanzar el verdadero valor.

domingo, mayo 15

Como los cuentos de la abuela.


Sí, como si los estuviera escuchando salir de su boca en estos momentos y con esa entonación que le daban énfasis a esas largas historias y que atrapaban como dos grandes redes, y que yo como buena nieta amante de los cuentos, imaginaba todas esas historias. Aún recuerdo aquellas bellas princesas sin apellido ni beneficio, llenas de bondades superfluas y rodeadas de apuestos príncipes que no conocían hasta el día de la boda y para variar sin nombre, porque eso no era relevante en la historia, aunque la realidad no está muy alejada de eso; ¡claro!, sólo que ahora ya sé que no existen los dragones y no podrán engañarme con pensar que los animales quieren ayudarme a hacer el quehacer.

Además que acertada en sus fantasias, quién se podía imaginar sí no ella que algún día las personas podrían transportar fácilmente sus consolas para escuchar sus buenos boleros, sin necesidad de enchufarlos o darles cuerda o aguantar esos más de 10 kilos de pura música, con el fin de pasar un buen rato y evadir esas voces escandalosas que te acechan por tus actos, llamada “conciencia”, y que en lo personal prefiero a veces no escuchar; o bien el comunicarse con alguien sin necesidad de estar uno frente al otro y sin montones de letras estructuradas, escuchando su voz por horas y de forma no tan costosa localizándolo en donde quiera que esté a cualquier hora ¿cada quien una línea especial? Eso es una barbaridad bien lo diría mi abuela.

Entonces tal vez, yo también quiera contar buenos cuentos, con locas ideas y nietos desobedientes escuchandolas por ratos y quizas, alguien dirá como yo, ¡Igualitos a los cuentos de la abuela!