viernes, abril 15

Tú a mi paso

Segunda Parte.

No había mucho que esperar de la noche, ya no habían ilusiones porque mirar a los dos lados antes de cruzar aquella calle vacía y sucia, ¿para qué? sí quien él quisiera que se paseara por esos callejones sabía bien que nunca sucedería porque lo que alguna vez fue su felicidad, pronto la vida misma se encargaría de quitársela y así fue, se le fue arrebatado de sus fuertes pero en aquellos instantes débiles manos, es una historia bien sabida por muchos que lo conocen y los que no, porque esa historia no se la ha sido negada a ningún foráneo que se atreve a peguntar, pero no quiero detenerme ahora con aquella historia que es igual de importante pero que por ahora no nos incumbe dar a conocer, en su momento se escudriñaran todos aquellos polveados pero eternizados recuerdos.

Don Joaquín ahora ya un hombre de edad notoria, de galanura sin precedente por las arrugas que lo cubren tenazmente, exhausto se acomoda en una banca descolorida pues ya no podía continuar con su recorrido, las piernas que le sirvieron en aquellas largas luchas, que recorrieron miles de caminos dificultosos y nada agradables, parecieran que ahora le cobran factura por el tiempo extra que sirvieron fielmente a él, no había más que masajearse las piernas y animarlas a no quejarse y recorrer juntos los últimos caminos. Al sentirse un poco mejor quiso enderezarse pero una ráfaga de viento lo regreso a su lugar, pensó él, que la joven que lo empujó quería que se quedara a ver la escena así que sin hacer ningún ruido y aguantándose los dolores del impacto decidió esperar y descifrar por si mismo lo que pasaba.

No había mucho movimiento, sólo una joven sin rostro que lloraba, no la lograba ver por la oscuridad y porque el cansancio de sus perezosos parpados no le dejaban observar, pero no hacía falta, necesitaría ser insensible para no percatarse de su tristeza y no tener olfato para no identificar el aroma que ella desprendía de su cuerpo de violetas.

Intrigado pensó -¿Por qué derramar tantas lagrimas dulces?- fue la primera pregunta al aire que hizo y ni el viento mismo quiso responderle, pareciera que temía a dar una idea vaga por tratar de responderle a aquel viejo desganado, de mirada cansada y sin dirección. Decidido se acercó lo más silencioso que pudo no quería molestar, sólo quería ser un caballero como esos que habían en su época, no pretendía preguntar ni siquiera le interesaba saber y lo único que hizo fue extender su mano y acercarle su pañuelo, ella desconfio por un momento pero enseguida lo tomó y rozaron por un segundo sus manos.


Viernes para susell

3 comentarios:

Mildreth Tapia dijo...

¡Me encantó!
Me gusta cuando la vida te da la oportunidad de acercarte a la persona que más te interesa, aunque no sea el momento más oportuno, pero de un mal rato se puede escribir la historia más hermosa del mundo.
De una u otra forma siempre me dejas reflexionando.
¡Muchas gracias!

Anónimo dijo...

luuu me gusta, bueno la novela tambien jajaj, he leido todo y lo seguire leyendo, siguele

Lu dijo...

Gracias Joan :D...

Agradesco que estes por aquí :D

espero el siguiente escrito.